A woman wearing a red dress and headscarf talking to a priest in a black cassock inside a church

Agustín, el de la «vida alegre»

Agustín era de la «vida alegre», parrandero, mujeriego y jugador, como dice la canción. Era «terrible».

Un día, ya pasados sus 40 años, se le acercó una mujer que le saludó con entusiasmo: «¡Hola, Tín! ¡Tiempo de no verte!».

«¿Quién es usted?»-, preguntó Agustín.

«¡No te acordás! Yo, aquélla que ibas a visitar seguidito. Me tenés abandonada. ¿Y qué te has hecho, dónde estabas? Hoy me encuentro con vos, ¡qué sorpresa!, No has cambiado, ¡mira cómo te ves!», respondió la mujer, mientras se bajaba el bordito de la blusa, enseñándole el hombro.

Agustín se quedó pensando y, de pronto, dijo: «¡Ya me acordé! ¿Usted es aquélla que vivía allá, allá?», señalando un lugar lejano.

«¡Sí, esa soy!», contestó la mujer exaltada.

«Ahhh, ya me acordé quién es usted. Pero yo ya no soy aquél», dijo él.

«Usted sigue siendo la misma mujer, pero yo ya no sigo siendo el mismo Agustín. Me encontré con Cristo y Cristo transformó mi vida. Y aquel hombre que usted conoció ya no es el mismo que usted está viendo. Hubo Alguien que me enseñó el verdadero camino y transformó mi vida», respondió con una sonrisa cordial, llevándose su mano derecha al pecho, mostrando en su dedo anular el anillo episcopal.

*Agustín fue un filósofo, escritor y teólogo cristiano. En su juventud gustaba de la fama, los aplausos y las experiencias sexuales. Estudió diversas corrientes filosóficas y religiosas hasta que, en su adultez, se convirtió al Cristianismo. Agustín de Hipona es Doctor de la Iglesia y, entre sus libros, se encuentra su autobiografía «Confesiones», siendo un ejemplo de conversión.

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